Ayoub Ghadfa, boxeador olímpico, en conversación con Alberto Webster

Ayoub Ghadfa, boxeador olímpico, en conversación con Alberto Webster

Marbella está llena de historias. Algunas brillan por un momento; otras se construyen en silencio, día tras día.

De vez en cuando, aparece alguien cuya trayectoria no habla solo de talento, sino de constancia, disciplina y de esas decisiones que se toman cuando nadie está mirando. Ayoub es una de esas personas.

En una charla cercana y sin prisas, Alberto Webster, CEO de Webster & Co, conversó con el joven atleta sobre rutinas, mentalidad y lo que significa crecer en Marbella con un objetivo que va más allá de uno mismo.

Alberto Webster: ¿Recuerdas el momento exacto en que dejó de ser un pasatiempo y empezó a sentirse como tu camino de verdad?

Ayoub: Sí, perfectamente. Tenía 17 años. Llevaba tiempo entrenando, pero en el fondo aún lo veía como algo “extra”. Un día, después de una sesión dura, mi entrenador me miró y me dijo: “No estás hecho para los esfuerzos a medias.” Creo que él no imaginó cuánto me removió por dentro. Esa noche no hice ningún anuncio, no subí nada a redes. Simplemente llegué a casa, quité distracciones, escribí lo que quería y empecé a actuar distinto. Fue un cambio silencioso… pero definitivo.

AW: Cuando suena el himno español y llevas el escudo en el pecho, ¿qué se te pasa por la cabeza?

Ayoub: Es difícil explicarlo. Es como si todo el camino se concentrara en unos segundos: el esfuerzo, la presión, los sacrificios. Pero también una calma muy profunda. En ese momento no puedes fingir nada. Estás tú, todo lo que has entrenado, y las personas que creyeron en ti cuando quizá ni tú mismo estabas seguro.

AW: Marbella tiene una energía muy particular. ¿Cómo mantienes el foco en medio de todo eso?

Ayoub: Precisamente por eso entreno temprano. Cuando la ciudad aún está en silencio. Hay algo en esas primeras horas que te centra. Marbella tiene movimiento, ambición, vida… y eso puede distraer si no tienes claro lo que quieres. Aprendes a convivir con el ruido sin dejar que te arrastre. Y no es solo en el deporte; es una forma de vivir.

AW: Más allá del deporte, ¿qué te ha enseñado esta ciudad?


Ayoub: Me ha enseñado que la constancia pesa más que la emoción del momento. Veo cada mañana a un hombre corriendo por la playa. Siempre a la misma hora, al mismo ritmo, sin hacer ruido. Nadie lo aplaude. Pero está ahí. Esa disciplina callada deja huella. Marbella está llena de pequeñas escenas así, si sabes observarlas.

AW: ¿Qué haces cuando la motivación baja, pero físicamente aún puedes seguir?

Ayoub: No pienso en grande. Me digo: “Solo una serie más.” Nada más. Si me pongo a pensar en toda la semana o en el programa completo, me bloqueo. Pero una más… eso sí es manejable. No hace falta sentirse increíble cada día. Hace falta estar.

AW: ¿Hay algún pequeño hábito que haya marcado un antes y un después en tu vida?

Ayoub: Estirar antes de dormir. Parece algo mínimo, pero me enseñó a respetar la recuperación igual que el esfuerzo. Es mi momento de chequeo interno. Cuando ordenas los momentos tranquilos del día, todo lo demás encaja mejor.

AW: ¿Qué parte de tu rutina no ve la gente y, sin embargo, es clave?

Ayoub: La cantidad de veces que me digo “no”. No a la comodidad, no al atajo, no al “por hoy no pasa nada”. No es espectacular, es incluso aburrido. Pero ahí está la diferencia.

AW: Si pudieras hablar con tu versión de 15 años, ¿qué le dirías?

Ayoub: Le diría que no se agobie. Que no todo tiene que pasar ya. No necesitas ser el mejor hoy; necesitas seguir mañana. El fracaso no es algo personal. Es parte del proceso.

AW: Y, para terminar… ¿qué es el éxito para ti, de verdad?

Ayoub: No son las medallas. Es levantarte y no sentir que estás fingiendo. Saber que estás haciendo lo que debes, por las razones correctas. Y que incluso en los días más silenciosos, sigues avanzando.

En una ciudad como Marbella, donde todo parece moverse rápido y brillar con intensidad, su trayectoria recuerda que el verdadero crecimiento ocurre en lo cotidiano: en ese “una serie más”, en el “hoy también voy”, en el saber decir que no cuando sería más fácil decir que sí.

Quizá ahí esté la lección más valiosa de esta conversación. El éxito no siempre hace ruido. A veces camina temprano por la playa, entrena cuando la ciudad duerme y avanza, paso a paso, sin necesidad de anunciarlo. Y cuando finalmente suena el himno, no es una sorpresa: es simplemente el resultado de haber hecho el trabajo, cada día, en silencio.

Judith Vilanova
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